Irán está apostando por un acuerdo político provisional con Estados Unidos para aliviar la presión económica, estabilizar su situación interna y evitar concesiones significativas sobre su programa nuclear. Este contexto se enmarca en un deterioro económico, tensión regional y la incertidumbre sobre el futuro del conflicto entre ambos países.
La propuesta cobra fuerza tras el estancamiento de negociaciones anteriores y la continua presión ejercida por ambas partes. Uno de los puntos de tensión es el control de Teherán sobre el estratégico estrecho de Hormuz, mientras que Irán mantiene su postura de no renunciar a su programa nuclear.
Las conversaciones se producen después de una fuerte escalada de ataques estadounidenses e israelíes a fines de febrero, que derivaron en un conflicto regional más amplio. Las acciones iraníes en el Golfo Pérsico han incrementado las preocupaciones sobre la seguridad del Estrecho de Hormuz, una ruta crucial por donde circula aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado.