El conflicto en torno a la biopic de Lía Crucet continúa, con Tony Salatino, viudo de la cantante, y Karina, su hija, enfrentados por los derechos y la narrativa de la historia. Salatino sostiene que Karina no estuvo presente durante los últimos años y enfermedades de Lía, mientras que Karina acusa a su madre de haberla hecho sufrir y de haber tenido una relación tormentosa.
Tony Salatino expresó su deseo de que la biopic se centre en la carrera artística de Lía Crucet y no en los conflictos familiares. Mencionó que Karina no visitó a su madre durante dos años de internación y que no se acercó en las operaciones que transitó, contradiciendo la versión de Karina que asegura haber estado días antes del fallecimiento.
Karina, por su parte, publicó un escrito tras la muerte de su madre donde afirma que Lía "se equivocó mucho" con ella y le hizo "ver y pasar cosas no buenas". Esta declaración evidencia la profunda ruptura en la relación madre-hija, que ahora se traslada a la disputa por la representación de la vida de Lía Crucet en la pantalla.
Marcelo Polino, presente en el estudio, opinó que el dinero podría ordenar la situación y la necesidad de que la serie se realice para inmortalizar a Lía Crucet. Sin embargo, Tony Salatino insiste en que Karina lo acusó de haberse aprovechado de Lía cuando estaba enferma y de hacerla trabajar en un estado "calamitoso", algo que él desmiente rotundamente, asegurando que Lía trabajaba porque le hacía bien.