La selección de Brasil "bautizó" dos veces el avión que los llevó a Estados Unidos para el Mundial, con baños de agua en el aterrizaje, un gesto común para conmemorar y desear buena suerte. Este ritual simboliza los buenos deseos para la delegación en la búsqueda de su sexta Copa del Mundo.
Sin embargo, la nota introduce una observación irónica: se sugiere que, para asegurar el éxito en el Mundial, más allá de bautizar el avión, sería más efectivo "encerrar a Neymar en la concentración para que no se vaya de joda".