Se debate si se activó correctamente el protocolo de actuación en el caso de Agostina, ya que inicialmente se la buscaba bajo la figura de "averiguación de paradero" y no como un presunto femicidio.
Esta distinción es crucial, ya que de haberse considerado desde el principio un posible femicidio, las acciones de búsqueda y prevención podrían haber sido más inmediatas y efectivas.
Se plantea la disyuntiva de si, ante la desaparición de una persona, especialmente una joven, se debería activar siempre un protocolo de máxima alerta, similar al que se usaría en casos de niños perdidos.