La alta presión impositiva se presenta como un mecanismo de expropiación que aniquila el incentivo a invertir, ya que el Estado se apropia de los retornos de la inversión.
Se argumenta que la falta de inversión impide la generación de empleo y el crecimiento económico, y que los impuestos son una expropiación directa, a diferencia de la regulación que es indirecta.
Se atribuye el estancamiento argentino no a factores externos como el FMI o la sequía, sino a políticas gubernamentales hostiles al libre juego de la libertad y la propiedad, que confunden el crecimiento con un mayor gasto estatal.