La economía iraní enfrenta serias dificultades, marcadas por una inflación del 77,2% interanual en mayo y un bloqueo naval impuesto por Estados Unidos. La moneda nacional, el real, se ha visto severamente afectada por la guerra y la incertidumbre.
El país, que depende en gran medida de los ingresos petroleros, también sufre problemas estructurales como la mala gestión y la corrupción. Históricamente, la presión económica ha generado protestas, lo que la teocracia busca evitar tras la represión de manifestantes en enero.