Se describió la inflación como el impuesto más regresivo, que transfiere riqueza de los más pobres a los más ricos y a "amigos del poder" de manera corrupta.
Se argumentó que la inflación beneficia a políticos que emiten dinero para hacer negocios, a costa de destruir el crecimiento futuro y perjudicar a los sectores más vulnerables.
Se afirmó que la pobreza, que alcanzó el 57% tras el sinceramiento, y la precariedad de los trabajadores formales (30% pobres) son herencia de políticas previas, desestimando culpas por devaluación y calificando a los responsables como "sociópatas" y "empobrecedores seriales".