Estados Unidos, mientras intenta asfixiar a Cuba, ofrece una ayuda humanitaria de 100 millones de dólares, a tramitar a través de la Iglesia Católica Cubana.
La premisa estadounidense es no entregar fondos a las autoridades de la isla, especialmente a la empresa Gaesa, controlada por el ejército, para evitar que sean utilizados por la elite militar. Se evidencia la tensión entre el ahogo económico ejercido por EE.UU. y la oferta de ayuda condicionada.