Se revelan detalles cruciales sobre los recientes asesinatos de un comisario y un agente penitenciario. Se confirma que dos de los cuatro delincuentes involucrados en el crimen del comisario portaban tobilleras electrónicas, evidenciando una falla en el sistema de control.
Se cuestiona la efectividad del monitoreo de estas tobilleras, ya que los delincuentes parecen operar fuera de sus perímetros asignados. Además, se expone un engaño: el penitenciario, Lucas Ezequiel Olivera, que inicialmente se pensó que había sido víctima de un robo, en realidad fue quien trasladó al comisario herido al hospital. El comisario, Diego Fernando Ponce, alcanzó a disparar y a identificar a uno de los atacantes, quien llevaba tobillera.
Se destaca el buen accionar policial que, al cruzar datos, descubrió la verdad detrás del relato inicial del penitenciario, quien mintió sobre haber sido víctima de un robo. La investigación continúa para dar con el paradero de los delincuentes prófugos.