Se insiste en la pregunta de por qué no se investiga a las personas que estuvieron en el cumpleaños de Barrelier la noche anterior al crimen.
Se plantea la complejidad de la situación, ya que nadie vio entrar ni salir a la víctima, y se cuestiona la falta de cámaras en la zona.
La hija de Barrelier, de 12 años, ya habría tenido una situación previa, lo que genera interrogantes sobre su conocimiento de los hechos.
Se cuestiona si el juez negó a la madre ser creyente, lo que podría implicar que ella sabía algo y no declaró.