El transporte público en Buenos Aires se ha convertido en una pesadilla diaria para muchos ciudadanos, quienes denuncian viajes extremadamente largos, apretados y costosos.
Los testimonios recogidos por la periodista Romy revelan que muchas personas pasan entre tres y cinco horas diarias arriba de colectivos y trenes, enfrentando condiciones cada vez peores y pagando tarifas que representan un alto porcentaje de sus sueldos.
La falta de inversión en el sistema, la quita de subsidios y los conflictos gremiales entre empresas y trabajadores agravan la situación, generando una pérdida de calidad de vida que preocupa a los usuarios.