Se exhortó a los creyentes a ser intercesores, presentando súplicas ante Dios por todos los hombres. Se enfatizó que la voluntad de Dios es que Jesucristo y el Espíritu Santo intercedan por nosotros, y que nosotros también debemos interceder para que otros conozcan a Jesucristo como su salvador.
Se destacó que interceder por otra persona es la mejor manera de demostrar amor, y se mencionó el ejemplo de Jesucristo, quien vive perpetuamente para interceder por nosotros. Se animó a los creyentes a no aflojar en la carrera de la fe y a no bajar los brazos, confiando en Jesucristo hasta el final.