Se critica la falta de acción y la complacencia de la sociedad y las instituciones ante la creciente ola de delitos graves, especialmente aquellos que involucran a menores. Se compara la situación actual con la figura de Escobar Gaviria, quien mantenía una doble moral, protegiendo a su familia mientras cometía actos atroces.
Se enfatiza la necesidad de no banalizar los hechos y de exigir a quienes ostentan el poder que actúen de manera contundente. La pasividad ante la delincuencia, incluso en casos de figuras públicas o lugares sospechosos como el boliche "Guachitas", permite que sujetos con ausencia de escrúpulos morales prosperen.
La falta de acción no solo se limita a la sociedad civil, sino que también se extiende a la justicia y a las fuerzas de seguridad, quienes a menudo caen en el "efecto espectador", evitando intervenir por no querer involucrarse. Se reclama una mayor educación social y una exigencia de actuación a las autoridades para prevenir futuros crímenes.