Un especialista en perfiles criminales describe al principal sospechoso del crimen de Agostina Vega como un "depredador relacional de proximidad", que gana la confianza de sus víctimas antes de actuar.
Se señala que este tipo de perfiles no irrumpen con violencia de golpe, sino que construyen un terreno de dependencia emocional para bajar las defensas de la víctima. La autopsia determinará la motivación y mecánica de la muerte, y si fue intencional.
La conducta del imputado, al pedir prestado un auto y usar tachos de pintura para trasladar el cuerpo, es vista como improvisada y poco sofisticada, a diferencia de agresores seriales que buscan descentralizar evidencias. Se considera que el sospechoso, al ver morir a Agostina, dejó de verla como un ser humano y la trató como un "peligro a resolver".