Se muestra una emotiva imagen del padre venezolano abrazando a Miguel (abuelo de Agostina) y a Franco (tío), en un gesto de consuelo mutuo. El hombre venezolano, que también perdió a su hijo, comparte su historia y busca apoyo en Miguel.
A pesar del cansancio, Miguel invita al hombre a su casa para conversar, demostrando la confluencia de historias de dolor y la solidaridad que genera el caso Agostina, atrayendo a personas de diversas circunstancias.