Se discute la dificultad de limpiar una escena del crimen, comparándola con limpiar derrames de aceite que pueden llevar días. Se enfatiza la importancia de no olvidar limpiar el lugar y se plantea el ejercicio de imaginar cómo se haría, considerando el uso de trapos y papel.
Se sugiere que, ante la presencia de sangre, la limpieza sería extremadamente ardua, extendiéndose por al menos ocho días.