La soledad ha sido confirmada por la ciencia médica como un factor de riesgo físico equiparable a hábitos perjudiciales para la salud humana, además de ser un problema emocional.
El aislamiento social crónico y la falta de vínculos afectivos sólidos se consideran una epidemia silenciosa que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, depresión y ansiedad.
Sentirse solo no siempre implica estar físicamente aislado; la calidad de las relaciones personales tiene un impacto directo en la salud y la longevidad, según un estudio de la Universidad de Harvard. Se recomienda priorizar el tiempo con seres queridos.