Gabriel Ledesma, fingiendo ser un productor de modelos, solicitaba a las jóvenes que se desnudaran completamente para tomarles medidas corporales detalladas, incluyendo zonas íntimas y distancias específicas entre pechos y ombligo. Posteriormente, grababa videos de estas sesiones sin consentimiento.
Las víctimas describen la experiencia como un abuso total de poder y conocimiento, sintiéndose extremadamente vulneradas. A pesar de las promesas de oportunidades laborales, ninguna recibió las fotos ni trabajos prometidos, y se sospecha que el material audiovisual se utiliza para beneficio propio de Ledesma.