Se debate la complicidad de las mujeres en los femicidios, argumentando que la existencia de cómplices permite que continúe la violencia de género.
Se cuestiona la lógica judicial al momento de descartar los cuerpos de las víctimas, mencionando el caso de Ángeles como un antecedente.
Se pone en duda si el acusado de femicidio, Barrelier, tuvo la intención de matar a Agostina o si algo sucedió dentro de la casa.