Se planteó la preocupante recurrencia de casos donde adultos buscan a menores, generando interrogantes sobre los motivos detrás de esta conducta.
Expertos señalaron que estas personalidades, a menudo perturbadas, saben lo que hacen y se valen de la inmadurez y vulnerabilidad de sus víctimas para satisfacer sus propias urgencias y pulsiones.
Se enfatizó que la relación establecida con el menor, incluso si se disfraza de confianza, constituye un delito.