La psicóloga Gisela Alonso reflexiona sobre la desprotección que pueden sufrir los adolescentes, incluso con una familia que los acompaña. Señala la importancia de identificar al agresor y las características del entorno, así como el estado de vulnerabilidad de la víctima.
Alonso enfatiza que la negligencia del entorno y las instituciones puede desencadenar situaciones trágicas. La adolescencia presenta limitaciones para advertir el riesgo, y los adultos cercanos tienen la responsabilidad de cuidar a los jóvenes.
Se plantea que la víctima podría no haber tenido la capacidad de darse cuenta del peligro inminente, y que los adultos alrededor fallaron en su deber de protección.