Se enfatiza que la autoridad del ser humano es delegada por Dios y no inherente. Somos administradores, no dueños, y la autoridad suprema reside en Dios. Se introduce la idea de que el hombre cedió esta autoridad al pecar, lo que generó caos.
Cronica TV
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Iglesia de la ciudad
EN DESARROLLO
Nuestra autoridad es delegada por Dios, no es propia
Tensión: discusión (40°)
Eje político: Centro