Existe sospecha de que barcos pesqueros rusos, que operan en aguas noruegas cercanas a la frontera entre Noruega (miembro de la OTAN) y Rusia, podrían estar siendo utilizados para espionaje, especialmente tras la invasión de Ucrania. Estos barcos navegan en una zona con alta presencia militar rusa y donde transitan cables submarinos de datos.
A pesar de las sospechas y las sanciones de la Unión Europea, Noruega mantiene la cooperación pesquera con Rusia, principalmente por la importancia económica del bacalao, considerado el "oro del mundo" en la región. El 76% de las empresas locales dependen de esta industria, y existe un acuerdo conjunto de cuotas de pesca con Rusia desde hace 50 años para evitar la sobrepesca.
El gobierno noruego ha implementado medidas como limitar la estancia en tierra de las tripulaciones rusas y verificar que solo se importen productos pesqueros, pero el dilema entre la cooperación económica y el riesgo de espionaje persiste, generando críticas y preocupación.