Karina confesó que la depresión y la ansiedad que padece tienen su origen en las raíces de una familia con innumerables problemas, incluyendo la violencia de su padre hacia su madre. La cantante relató cómo, de joven, se sentía cómoda en un balcón al borde del precipicio, una metáfora de su estado mental.
La artista reveló que, a pesar de no ocultar sus problemas de salud mental, ni ella misma sabía cómo se llamaban los síntomas que la aquejaban. Explicó que la depresión se manifestaba con un nudo en la garganta y en los pulmones, sintiendo que no podía respirar completamente.
Karina describió la intensidad de sus crisis, que se sumaban a los nervios de presentarse en escenarios o en televisión. A pesar de las giras y el aplauso del público, volvía a caer en la misma angustia al finalizar las presentaciones. Reconoció que, a pesar de su éxito, no se sentía feliz.
La cantante denunció la explotación laboral a la que fue sometida mediante contratos de "esclavitud", especialmente como mujer desamparada. Reveló que llegó a realizar 34 shows en un fin de semana, sin tener voz y con presentaciones continuas en distintos pueblos y ciudades, incluso cruzando provincias en un mismo día.
Karina criticó duramente a quienes la consideraban un instrumento para ganar dinero y a quienes firman contratos abusivos. Afirmó que, si bien la publicidad puede ayudar inicialmente, el talento y el carisma son fundamentales para mantenerse en el tiempo, y que no se le puede negar el reconocimiento como artista.