Se cuestiona la actuación del fiscal y la defensa en el caso de Agostina, señalando demoras e ineficiencias en la investigación y preservación de la escena del crimen. Se critica la lentitud para actuar frente a la rapidez con la que se reprimió, y la falta de profundidad en las indagaciones.
El defensor del imputado, Fernando de la Guada, renunció a su cargo, aparentemente al intuir el curso de la investigación. Se debate sobre la ética profesional de los abogados al mentir ante la sociedad o los medios en lugar de hacerlo en un juicio.
Se cuestiona la efectividad de los rastrillajes, tildándolos de tardíos y con escenas contaminadas. La falta de preservación de la escena del crimen, el domicilio de la víctima, y el no corte de la circulación en la zona, podrían haber arruinado pruebas cruciales.
El uso del luminol recién días después y su resultado positivo, sumado a la fragilidad de los indicios biológicos, complican la recolección de pruebas. Se menciona que el fiscal se basó en el trabajo periodístico al inicio de la investigación, lo que genera controversia.