Se critica duramente al fiscal Raúl Garzón por su manejo del caso Agostina, acusándolo de mala praxis y de intentar descalificar el trabajo de los periodistas en lugar de enfocarse en la investigación.
Se afirma que sin la cobertura mediática, el caso de Agostina podría haber quedado impune, similar a otros casos sin resolver. Se cuestiona la indolencia del sistema ministerial y la inacción del ministro de seguridad, quien supuestamente tenía una pista firme pero no actuó.
Se recalca que el padre de Agostina, Gabriel Vega, tuvo que realizar el trabajo que debían hacer la justicia y la policía, al obtener pruebas cruciales como la cámara de seguridad. Se critica al fiscal por sus declaraciones posteriores, minimizando la gravedad de la situación y culpando a otros.