El uso masivo de drones y misiles se consolidó como un factor determinante en la seguridad global durante 2025, según un informe del CIPRI. Estos sistemas, que antes eran de reconocimiento, ahora son plataformas ofensivas capaces de alterar equilibrios militares y modificar doctrinas de defensa.
La guerra entre Rusia y Ucrania es un ejemplo extremo, donde los drones han modificado la dinámica del combate, desde aparatos comerciales adaptados hasta sofisticados sistemas de ataque. Su uso permite identificar posiciones enemigas, destruir blindados y atacar infraestructura crítica con menores costos que las armas convencionales.
El CIPRI advierte que la velocidad de innovación tecnológica supera la capacidad de regulación internacional. La autonomía creciente de los drones preocupa por la dificultad de establecer supervisión humana directa y determinar responsabilidades. Además, actores no estatales como Hezbollah y los UTIs de Yemen utilizan drones y misiles de origen iraní, demostrando que la proyección militar ya no es exclusiva de los estados.