Se reflexiona sobre cómo casos como el de Agostina Vega, vinculados a la política, el fútbol y el delito, generan una percepción de que este tipo de tragedias podrían ocurrir en cualquier momento, erosionando la confianza de la sociedad en las instituciones.
Se enfatiza que, si bien Barrelier puede tener características individuales de psicopatía, su accionar se enmarca en un sistema corrupto donde la política, el deporte y el crimen conviven. Esta interconexión genera un caldo de cultivo para la violencia y la impunidad, afectando gravemente el tejido social.