En la casa de Melisa, madre de Agostina, se ha formado un santuario con la colaboración de vecinos y amigos. La familia, que vive junto a una roticería que lleva una semana cerrada, se encuentra sumida en el dolor.
Miguel, el dueño de la roticería, ha dejado de trabajar para acompañar a la familia de Agostina. A pesar de la difícil situación económica, ha mostrado solidaridad, incluso cocinando para los periodistas presentes.