Se debate la actuación de la justicia y la política en el caso Agostina, cuestionando por qué se dilata la resolución si ya existen pruebas contundentes, como la imagen del padre de Agostina que confirmaría lo sucedido.
Se sugiere que el tiempo transcurrido podría estar beneficiando a quienes buscan encubrir el crimen, permitiéndoles eliminar pruebas o proteger a los implicados. Se menciona la posibilidad de que Barrelier sea un chivo expiatorio en una red criminal más amplia.
Se recuerda el caso de Cecilia Trotsky y otros donde la lentitud judicial permitió la fuga de sospechosos, y se critica la falta de celeridad en la resolución de casos en Argentina, especialmente cuando se trata de menores.