En la región de La Rochelle, Francia, varios pueblos expuestos a fumigaciones han detectado un aumento de casos de cáncer infantil. En Lormont, un municipio de 3.000 habitantes, se registraron 5 casos, superando la cifra estimada de 1,8. Perforaciones realizadas cerca de zonas de cultivo intensivo revelaron la presencia de pesticidas a 14 metros de profundidad y dosis elevadas de nitrato.
Ante esta situación, se han comprado 20 hectáreas para transformarlas de cultivos intensivos a praderas y huertas, buscando proteger las viviendas cercanas de las moléculas de pesticidas en suspensión. El alcalde Jean-Luc Algué, aunque no se define como ecologista, se muestra sensible a su entorno y busca proteger las zonas de ostricultura, mitilicultura y la reserva natural Natura 2000, promoviendo la conciliación entre el trabajo y un entorno saludable.
A pesar de la movilización ciudadana, científica y de víctimas contra los efectos de los pesticidas, el Estado parece ignorar la problemática, mientras nacen niños enfermos y se truncan vidas.