El 60% de los habitantes de Barentsburg, muchos provenientes del Donbass, son mineros que trabajan en condiciones extremas a 800 metros de profundidad.
La extracción de carbón, aunque ya no rentable, se mantiene para justificar la presencia rusa en el archipiélago, proporcionando electricidad y calefacción al pueblo.
Las familias del Donbass llegan a Barentsburg atraídas por la demanda histórica de mano de obra para la extracción de carbón, manteniendo viva la tradición desde la época soviética.