El brutal crimen de Agostina reaviva el debate sobre la pena de muerte en Argentina. Ante la conmoción y la impotencia generalizada, surge la pregunta de si este tipo de delitos no merecen la máxima condena.
Se plantea la discusión sobre la aplicación de la pena capital para casos de extrema gravedad como este, donde la crueldad y la alevosía son evidentes. La posibilidad de que el asesino reciba una condena perpetua y, aún así, pueda salir en libertad en el futuro genera indignación y un profundo cuestionamiento sobre el sistema judicial.