En la costa patagónica se relata la historia de la primera ciudad española fundada en territorio argentino, en la caleta Hornos, provincia de Chubut, en 1535, casi un siglo antes que Buenos Aires. Este lugar, elegido por su bahía profunda y protegida, fue el sitio de un asentamiento inicial comandado por Simón de Alcazaba y Sotomayor.
Tras un motín que costó la vida a Sotomayor, el asentamiento fue abandonado, pero la zona continuó atrayendo expediciones. Hoy, ese mismo punto es el escenario del primer parque nacional marino costero del país, buscando cambiar la perspectiva sobre el Atlántico.
La biodiversidad de la región es destacada, con fauna terrestre como guanacos y aves, y una riqueza marina abundante. El pato vapor cabeza blanca, un ave endémica que no vuela pero se desplaza velozmente sobre el agua, es emblema de la zona.
La fauna marina, atraída por las corrientes marinas que enriquecen las aguas con nutrientes, incluye delfines, toninas y ballenas francas. Históricamente, lobos marinos, cormoranes y pingüinos fueron recursos económicos clave, atrayendo exploradores y dando lugar a factorías, como la francesa en Isla Leones, donde se producía aceite de pingüino.