El pastor Cinalli explicaba que las estatuas de ídolos, como Dagon, en realidad ocultan demonios que se alimentan de la adoración de las personas. Argumentó que estos demonios imitan a dioses verdaderos y que Dagon, a pesar de hacerse pasar por un dios, era inofensivo y no podía ni protegerse a sí mismo.
Continuó detallando cómo los filisteos reconocieron la debilidad de su dios Dagon frente al Dios de los hebreos, quien lo hacía postrarse diariamente hasta pulverizarlo. Cinalli enfatizó que el Dios de los hebreos es el único, grandioso y todopoderoso, capaz de proteger contra toda influencia satánica.