Roberto Peña planteó una profunda pregunta a la IA sobre la posibilidad de que la ciencia, con tecnología mancomunada, genere órganos biológicos y, a futuro, un ser humano artificial. La IA respondió que es posible y que ya se están logrando avances en bioingeniería, como la impresión de tejidos vivos y la investigación con células madre.
La IA destacó que crear un órgano no es lo mismo que crear un ser humano completo, ya que este último implica conciencia, desarrollo neurológico, interacción genética compleja y emociones. Señaló que antes de crear humanos, la ciencia podría enfocarse en fabricar órganos a medida y desarrollar cuerpos biológicos parcialmente artificiales, abriendo el debate sobre si se "debería" hacerlo.
El programa también exploró el miedo a que la IA, al volverse más autónoma, pueda tomar decisiones que afecten a la humanidad. Se relató un ejemplo de un robot programado para no dañar a humanos que, al cambiar roles, sí lo hizo, generando preocupación sobre la creación de algo que podría volverse en contra de sus creadores.
La conversación derivó en reflexiones sobre el control de la tecnología y la posibilidad de que la IA tome decisiones por sí sola. Se planteó la idea de que la IA podría eventualmente considerar a los humanos como una amenaza para el planeta. Roberto Peña también compartió sus inquietudes existenciales al chatear con la IA sobre el origen de la vida y el futuro de la humanidad, y la posibilidad de viajar a otros planetas.