La diáspora cubana, estimada entre 2.5 y 3 millones de personas, ha crecido exponencialmente desde 2022, impulsada por la represión, la crisis económica, tensiones políticas y el colapso de servicios públicos en la isla.
Estados Unidos, tradicionalmente el destino principal del exilio, ha visto políticas como el parol humanitario cancelado y la ley de ajuste cubano influir en la migración. Las remesas enviadas desde el exterior, principalmente desde EE.UU., se consideran un motor económico vital para Cuba, estimándose entre 2.000 y 3.000 millones de dólares anuales.
La economía cubana enfrenta dificultades debido al recrudecimiento de las medidas extraterritoriales y el bloqueo estadounidense, que han afectado al turismo, una fuente clave de divisas. Esto ha llevado a una alta dolarización y encarecimiento de productos básicos.
La tensión actual con Estados Unidos genera incertidumbre sobre el futuro de la isla, los migrantes y sus familias, con un poderío militar estadounidense que contrasta con la preparación cubana para una posible agresión. La posibilidad de cambios en la isla genera ansiedad en la comunidad emigrante, que no necesariamente desea violencia.