Se cuestiona la metodología del INDEC para medir la pobreza y la indigencia, argumentando que no pondera adecuadamente la inflación y el gasto de bolsillo. Esto lleva a una distorsión de la realidad.
Se afirma que los datos oficiales no reflejan la situación de los sectores más pobres y que el Estado carece de empatía. Se compara la situación actual con el gobierno anterior, señalando que, si bien hubo corrupción, existía una mayor empatía hacia la población.