Se cuestiona el nivel de pobreza en la juventud y la baja tasa de egresados de la UBA, así como la falta de becas y ayuda para material de estudio.
Se argumenta que es preferible que un joven entre a la universidad y curse materias, aunque no se reciba, ya que aporta conocimiento y cultura al país.
Se advierte sobre el peligro de juzgar la universidad con un criterio de rentabilidad como si fuera una empresa.