Se expone la crítica situación de los docentes universitarios, quienes con salarios que no alcanzan a cubrir la canasta básica de pobreza, se ven obligados a buscar ingresos adicionales como conductores de aplicaciones. Un profesor con menos de 10 años de antigüedad gana $910.000 de bolsillo, mientras la canasta básica supera los $1.450.000.
Esta realidad expulsa a los profesionales de la docencia, quienes deben elegir entre quedarse en la universidad pública y ser pobres, o buscar empleo en el sector privado. Se destaca la urgencia de abordar esta problemática para sostener el sistema universitario.