Se destacó la dignidad sublime y suprema del ser humano como propiedad del Señor, comparando el uso de las manos para robar, la inteligencia para estafar, la boca para calumniar y el cuerpo para fornicar.
Se afirmó que Dios creó el deseo sexual y estableció el matrimonio como su cauce sano y saludable, pero advirtió que si el problema reside en la mente y los pecados del corazón, el matrimonio por sí solo no lo resolverá.