Israel ha intensificado sus ataques en el sur del Líbano y en la zona de Siria, aumentando el territorio que controla como medida para evitar que Hezbollah siga bombardeando el norte de Israel y garantizar su seguridad y la de sus aliados rusos.
Esta política se da tras la "masacre del 7 de octubre", un punto de inflexión para la sociedad y las fuerzas armadas israelíes, que ahora buscan adelantarse a futuras ofensivas enemigas mediante un creciente control territorial.
La expansión territorial israelí en Gaza se argumenta en el incumplimiento de acuerdos de paz por parte de Hezbollah, quien supuestamente debía entregar sus armas según un plan del presidente Donald Trump.
Las cifras de muertos en Gaza son apabullantes, con 72,000 fallecidos y 175,000 heridos, según el Ministerio de Salud Pública controlado por Hamas. Se estima que Hamas ha perdido 29,000 combatientes, cifra que debería descontarse de la población civil fallecida.