Se presentó la fruta del dragón, destacando su apariencia llamativa con múltiples "ojitos" en su interior. Aunque su sabor es descrito como poco intenso, similar a una uva sin mucho gusto, se le atribuyen propiedades protectoras y de limpieza espiritual.
Se compartió un ritual ancestral que involucraba comer un pedacito de esta fruta mientras se invocaba "fruta del dragón, fuego y verdad, limpia mi alma de todo mal". Este ritual era practicado por aborígenes y consistía en colocar un pedazo de la fruta en la tierra, en una maceta o árbol, como ofrenda a la Pachamama.
A pesar de su sabor, se mencionó que la fruta del dragón es diurética y puede ser consumida en todas las estaciones. Se enfatizó su valor decorativo y se comparó su textura con la de una sandía.