Las autoridades neerlandesas enfrentaron dificultades para combatir el crimen organizado, centrándose en la violencia mientras el comercio de drogas continuaba. La detención de Gwenneth Marta por lavado de dinero en 2007 marcó un hito, aunque logró fugarse un año y medio después, siendo recapturado en 2009.
Tras la detención de Marta, sus cómplices iniciaron una guerra interna por el control del negocio, evidenciando la volatilidad y las peligrosas rivalidades dentro de las organizaciones criminales.