Gwenneth Marta, capo de la llamada "mochromafia", fue asesinado el 22 de mayo de 2014, un año después de salir en libertad. Su muerte ocurrió en un contexto de creciente violencia relacionada con el crimen organizado en los Países Bajos, donde en 2014 se registraron 38 homicidios, un récord absoluto.
El asesinato de Marta es visto como una manifestación de un fenómeno criminal más amplio que ya estaba en plena expansión, con estrategias que siembran miedo y desconfianza en Europa, llegando hasta Marsella. La situación evidenciaba la complejidad y el alcance de las redes criminales.