Se enfatiza la importancia de servir a Dios, distinguiendo entre "servir a Dios" (una relación íntima a través de disciplinas espirituales) y "servir para Dios" (predicar y extender el reino). Se subraya el llamado insustituible a servir a Dios en intimidad, en el "lugar secreto".
Además, se destaca el servicio a Dios edificando la iglesia y extendiendo su reino mediante el uso de dones y habilidades. Estos dones, recibidos de gracia, deben ser invertidos para incrementar la gloria de Dios, no para beneficio personal.
Se advierte sobre el peligro de "dormir los dones" o usarlos para engrandecer el propio nombre, citando la reprimenda de Pablo a Timoteo. El servicio a Dios debe ser primordial, con las "primeras y mejores inversiones", no con lo que sobra.