Cuba atraviesa una grave crisis energética, marcada por prolongados apagones que afectan a gran parte de la isla. Se estima que hasta el 62% del país podría quedarse sin suministro eléctrico simultáneamente.
Esta situación se ha visto agravada desde enero por el asedio petrolero de Estados Unidos, calificado por la ONU como contrario al derecho internacional. Los cortes de luz en La Habana superan las 22 horas diarias, y en el resto del país pueden extenderse hasta dos días consecutivos.
La falta de combustible, derivada del bloqueo estadounidense, ha paralizado los motores de generación que utilizan diésel y fuel oil. A esto se suman los problemas estructurales y la obsolescencia de las termoeléctricas, que requieren inversiones significativas para su modernización.