El segmento critica la difusión de un "evangelio diferente" por parte de grupos que niegan a Jesucristo como Hijo de Dios, contrastándolo con el evangelio puro.
Se relata una experiencia en Rosario, donde al pasar por un evento de colectividades, observaron a personas difundiendo este evangelio alternativo en la entrada principal, incluso antes de que el público ingresara.
Los predicadores expresan su dolor y preocupación al ver a cristianos distraídos con la política y dormidos, mientras otros proclaman un mensaje que, según ellos, condena y es "el evangelio del diablo".
Se hace un llamado a no descuidar el mandamiento de predicar la palabra de Dios en todo tiempo y lugar, aprovechando cada ocasión para difundir el mensaje de Jesucristo.