Se discute la planificación de la maternidad y paternidad, y la tendencia a tener hijos a edades más tardías. Se plantea que la decisión de tener menos hijos no necesariamente es negativa y que la preocupación por el envejecimiento de la población y la falta de recambio generacional podría ser exagerada.
Se argumenta que la gente joven podría no desear tener hijos en las mismas condiciones que generaciones anteriores, priorizando la calidad de vida. Se desestima la idea de que la gente joven no tenga hijos solo por preferencias como viajar, sino por un contexto de vida más complejo.
Se reconoce que el sistema previsional podría verse afectado por la disminución de la natalidad, pero se enfatiza la importancia de la elección personal y la libertad de decidir sobre la propia vida reproductiva.