El predicador enumera los pecados del corazón que impiden la bendición divina: codicia, avaricia, amor al dinero y orgullo.
Advierte que la codicia (querer todo lo que se ve) y la avaricia (amar el dinero) enturbian el corazón y potencian la avaricia si Dios bendice. El amor al dinero, según la Biblia, es la raíz de todos los males y puede llevar a la esclavitud y al endeudamiento.
El orgullo y la presunción, manifestados en aparentar un estatus económico superior al real, también son un impedimento para recibir bendiciones, llevando a deudas innecesarias.